La catedral Santa Cecilia esta uno de los conjuntos monumentales de ladrillo más potentes del mundo. Este obra de arte del gótico meridional ofrece un curioso contraste entre el rigor de su arquitectura y la suntuosa decoración de su interior. Testimonio de la fe cristiana sobre la herejía cátara , esta gigantesca nave de ladrillo se fue enriqueciendo a lo largo de los siglos: el Pórtico Dominique de Florence , la torre-campanario con sus 78 m de altura, el Baldaquín de la entrada (1515-1540) Algunos datos importantes
En el interior, las pinturas de la bóveda, llenas de colores, son obra de pintores del Renacimiento Italiano (1509-1513). El fresco del Juicio Final (1474-1484) ofrece una fabulosa historieta donde se ponen en escena el Cielo, la Tierra y el Infierno. Realizado con la técnica de pintura al temple, cubría en su origen unos 200m2. La parte central quedó mutilada en el s. XVIII para poder tener acceso a la capilla situada bajo el campanario.
El “Jubé” o clausura del coro, verdadero encaje de piedra de estilo flamígero se ve realzado por el magnífico conjunto de 200 estatuas policromadas trabajadas en los talleres borgoñones de Cluny, que cobija. Este conjunto ha conservado su policromía original.
Anterior al Palacio de los Papas de Aviñón, el Palacio de la Berbie, hoy sede del Museo Toulouse-Lautrec, es uno de los castillos más viejos de Francia y uno de los mejores conservados. Su nombre “Berbie” viene del occitano “Bisbia” que significa “obispado”. Esta imponente fortaleza fue terminada a finales del s. XIII. Simboliza la expresión temporal y espiritual de los obispos de Albi.
A lo largo de los siglos, los obispos fueron transformando esta fortaleza en una residencia de recreo cubierta por un techo de pizarra. La proveyeron de grandes salones, terrazas y jardines a la Francesa disimulando el aspecto macizo del obispado y crearon un ala de estilo Renacentista.
En su construcción primigenia era de piedra pero fue posteriormente cubierto con ladrillo. Descansa sobre 8 arcos y mide 151m de longitud. Edificado en 1035 , abre Albi sobre el exterior y se convierte en inevitable paso del río Tarn para las poblaciones locales, pero también para todo aquel que fuera de Le Puy a Toulouse, o a Italia o a España.
A finales del s. XIV, es fortificado, se ve reforzado con un puente levadizo y se orna de casas erigidas sobre los pilares. Hasta finales del s. XVIII, el río Tarn será teatro de un comercio fluvial floreciente: por él circulan vino de Gaillac, cáñamo de Canavière, la planta tintorea llamada pastel, azafrán, vidrio de Grésigne y cerámica de Montans.
Textos: O.T. Albi
Fotografías: © Chambres
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